¿Cómo conservarlas?

FRESCA

• La trufa puede almacenarse en el frigorífico (2-6ºC) hasta 15 días desde su recolección, siempre que sea de calidad.

[Al comprar trufa fresca siempre recomendamos que ya esté cepillada y libre de barro, para así poder observar sus imperfecciones. Si está muy dañada por lombrices o por el recolector se devaluará más rápidamente y deberemos de consumirla antes. Debe de ser firme al tacto y no presentar podredumbres que puedan depreciar el aroma y sabor natural de la trufa. Poseer la madurez adecuada. Una trufa totalmente blanca en su interior nos indica que no ha alcanzado la maduración organoléptica y sin nerviaciones que ha sobremadurado o se ha congelado (Tuber melanosporum y Tuber aestivum).]

• No debemos de esperar hasta su fecha de caducidad para consumirla.

[Al tratarse de un producto muy aromático cuántos más días esperemos, menor aroma podremos percibir y disfrutar.]

• Durante su conservación no debe de acumular humedad ni emblandecerse.

[No se recomienda el uso de recipientes herméticos que no dejen airear la trufa. En su lugar se aconsejan tupers y tarros de cristal cubiertos con papel film transparente perforado así como envolver la trufa con papel absorbente seco (se irá cambiando cada dos días). Con arroz seco también conseguiremos la misma finalidad].

• Podemos trufar alimentos mientras la conservamos.

[Si con la trufa almacenamos huevos de gallina, después de 4 días la yema de huevo habrá captado el aroma de la trufa obteniendo unos deliciosos “huevos trufados”. Los podemos elaborar a la plancha o fritos. ¡Anímate a descubrir su nuevo sabor!]

CONGELADA

• La trufa puede almacenarse en el congelador hasta 1 año.

[Siempre debe de estar limpia y envuelta en papel de aluminio antes de introducirla en una bolsa especial de congelación. Así evitaremos que se seque en exceso. Hay que tener en cuenta que una trufa congelada va a perder parte de su aroma.]

• Podemos disfrutarla varias veces sin llegar a descongelarla

[Si no la vamos a usar entera la podemos sacar del congelador, laminar o rallar al gusto y volverla a introducir al instante. De esta forma la podremos disfrutar varias veces y siempre que nos apetezca sin tenerlo que planificar].